…¡todo mejoró aún más”. FIN
Lo más probable es que si la historia acaba así, pienses que la película ha fallado en algo con ese final, como si le faltara “fuerza”. Igualmente fallaría con “todo era terrible y entonces… aún empeoró más”.
Pues no parece que tenga mucha gracia, la verdad. “¿Y a qué se debe eso?” , te preguntarás. “Me alegro que me hagas esa pregunta”, te responderé. La respuesta , como siempre, de mano de McKee:

Una regla sobre los finales: Por norma general, el final del 2º acto y el final del 3º acto (o clímax) deben de ser opuestos a nivel de carga positiva-negativa. Pero, como hemos visto anteriormente, esto es una simple regla y siempre habrá alguna película que las rompa y triunfe, pues veremos que:
“Cada película encuentra su propio ritmo y toda variación resulta posible”
Ajustándonos a la regla: los dos últimos clímax se distancian en pantalla de unos 15-20 minutos, por lo que repetir el mismo valor de carga positiva o negativa hará que el último clímax, el más importante, pierda fuerza hacia el espectador, la fuerza de la película quedará mermada.
“La repetición es el enemigo del ritmo”
Por lo tanto, si el 2º acto acaba mal, el final será bueno. Y si deseas que tu final sea triste, tu 2º acto debería acabar bien.
Aunque también existe el clímax irónico, un final que es tanto positivo como negativo. Es decir, puede acabar con la muerte del protagonista (negativo) para salvar a su amada (positivo). O darse cuenta que su mujer le era fiel y le quería (positivo) justo después de haberla asesinado con sus manos (negativo).
Un mundo singular este de los finales. Tendré que buscar mi ritmo y mi variación. Yo lo intento, otra cosa es que lo consiga, pero por intentar…
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